Valga la rebuznancia
¡Ay que ver cómo está el mundo! Ayer cenemos en un restaurante, puesto que era nuestro decimosegundo aniversario. Habían, por lo menos, 20 personas en el local. Todos comían y bebían sin llamar la atención. Bueno, todos no. Detrás nuestro un señor con la camisa a rayas hablaba muy mal. Vamos, que nos destornillábamos de risa. Sus incorreciones eran cada vez más y más graciosas.Y contra más hablaba, más nos reíamos.El hombre debió darse cuenta, por que enseguida nos gritó: "¡Iros a la mierda!".
Pero ese no fue el momento más álgido de la cena, ya que el hombre intentó agredirnos. Afortunadamente, el dueño del local jugó un papelmuy importante en nuestra defensa, al sacarle para fuera. A sí mismo, recalcó que nuestra actitud no había sido adecuada.
No sé a donde se fue pero, en aquel momento la noche dio un giro de 360 grados. Lo que había empezado de forma emocionante, ahora era triste.
Bueno, en realidad, y valga la rebundancia, realmente todo fue muy triste.
O cómo en pocas palabras pudo mi mejor amiga resumir todo eso que recuerdo a veces, con nostalgia y una gran sonrisa a la vez: